Mientras los organismos meteorológicos internacionales comienzan a coincidir en la probable consolidación de un fenómeno El Niño hacia el segundo semestre de 2026, con posibilidades de extender sus efectos durante los primeros meses de 2027, la provincia de Santa Fe acelera obras hidráulicas, refuerza protocolos de emergencia y coordina acciones con municipios, comunas y fuerzas federales para afrontar un escenario que podría traer lluvias muy por encima de los valores normales.
Santa Fe se prepara para la llegada de un posible Niño fuerte: obras, alertas y vigilancia sobre las zonas más vulnerables
"Estamos aprovechando junio, julio y agosto para seguir trabajando y ganar tiempo", aseguró el secretario de Protección Civil, Marcos Escajadillo, al detallar los preparativos en marcha para enfrentar un escenario de lluvias por encima de lo normal.

La preocupación no es menor. Para una provincia atravesada por grandes ríos, extensas áreas rurales y centros urbanos históricamente expuestos a inundaciones, un evento de estas características implica el riesgo de anegamientos, desbordes de cursos de agua, interrupciones de servicios y evacuaciones en sectores vulnerables.

"Los organismos técnicos nacionales, como el Servicio Meteorológico Nacional, el INA (Instituto Nacional del Agua) y el SINAME (Sistema Nacional de Alerta y Monitoreo de Emergencias), ya nos han informado sobre la presencia del fenómeno de El Niño para el segundo semestre de este año y posiblemente parte de 2027", explicó el secretario de Protección Civil de Santa Fe, Marcos Escajadillo. Aunque la intensidad aún no fue oficialmente determinada, distintos modelos climáticos anticipan un episodio posiblemente "fuerte".
Dicha confirmación fue expuesta el pasado lunes 8 en la segunda reunión regional de provincias que estarían involucradas por la afectación del fenómeno El Niño, llevada a cabo en Corrientes, de la que participó Santa Fe. “Allí escuchamos los informes de los organismos técnicos en los que nos informaron todo esto”, indicó Escajadillo.
El desafío para el Gran Santa Fe
En el área metropolitana santafesina, donde la convivencia con el riesgo hídrico forma parte de la historia reciente, las autoridades siguen con especial atención dos variables: las precipitaciones intensas y la capacidad de escurrimiento del sistema urbano.
Las lluvias asociadas a un Niño fuerte suelen caracterizarse por su intensidad y concentración temporal. Es decir, grandes volúmenes de agua en pocas horas. Ese tipo de eventos genera rápidamente anegamientos en calles, saturación de desagües y complicaciones para el funcionamiento de estaciones de bombeo.
La situación adquiere una complejidad adicional en la capital provincial debido a la expansión de asentamientos en sectores que quedaron expuestos tras años de bajante extraordinaria de los ríos.
"Una de las principales preocupaciones que tenemos en la ciudad de Santa Fe es la ocupación de zonas vulnerables por fuera de los anillos de defensa, producto de la histórica bajante que atravesamos en los últimos años", advirtió Escajadillo. El Municipio local viene trabajando en un relevamiento de la cantidad de gente y zonas en las que se levantaron dichos asentamientos durante los últimos años, de acuerdo a lo que pudo averiguar El Litoral.

Por esa razón, el monitoreo es permanente. Según explicó el funcionario, existen reuniones semanales entre organismos provinciales y municipales para evaluar el funcionamiento del sistema de drenaje y garantizar que los equipos de bombeo estén en condiciones de responder ante eventos extremos.
"Estamos trabajando para asegurar que el escurrimiento funcione correctamente y que los sistemas de bombeo tengan la capacidad necesaria para sacar el agua hacia el exterior de las defensas", sostuvo.
Obras para ganar tiempo frente al agua
La estrategia provincial combina medidas estructurales y acciones de preparación operativa. “Estamos trabajando muy fuerte desde el año pasado”, expresó el funcionario, “con obras estructurales como el mantenimiento de defensas y no estructurales, como la limpieza de canales y el trabajo con las distintas localidades en los planes de contingencia”.
En materia de infraestructura, el gobierno identificó 100 localidades con riesgo hídrico significativo. De ese total, 76 ya cuentan con intervenciones concluidas y las restantes continúan en ejecución.
Uno de los ejes centrales del plan es la limpieza de la red de canales que atraviesa la provincia. Santa Fe posee aproximadamente 8.000 kilómetros de canales y ya fueron intervenidos unos 4.000 kilómetros. El objetivo es alcanzar los 6.000 kilómetros antes de fin de año.

La inversión destinada a estas tareas ronda los 71.000 millones de pesos.
"Estamos trabajando desde el año pasado en medidas estructurales vinculadas a la limpieza de canales, el fortalecimiento de defensas y todas aquellas obras que permitan mejorar el escurrimiento del agua", señaló Escajadillo.
La lógica es sencilla: cuanto más eficiente sea la circulación del agua, menor será la permanencia de los excedentes hídricos en zonas urbanas y rurales.
Capacitación y simulacros para una emergencia compleja
Pero las obras no son la única herramienta. Las autoridades consideran que la capacidad de respuesta local será determinante si se concretan los pronósticos más adversos.
Por ello, la Secretaría de Protección Civil y Gestión de Riesgos viene desarrollando capacitaciones junto con la Agencia Federal de Emergencias y distintas fuerzas operativas.
Una de las actividades más recientes se realizó hace unos días atrás en el Batallón de Ingenieros 1 de Santo Tomé, donde representantes provinciales, nacionales y municipales participaron de simulacros de emergencia hídrica y analizaron protocolos de actuación conjunta.
Los ejercicios permitieron ensayar escenarios complejos, distribuir responsabilidades y evaluar recursos disponibles ante posibles inundaciones o eventos meteorológicos severos.
"El primero en responder es siempre el gobierno local. Por eso trabajamos mucho con juntas locales de protección civil, planes de contingencia y capacitación para el comando unificado", explicó Escajadillo.
La experiencia de los últimos años
La provincia llega a esta instancia con un aprendizaje acumulado tras una sucesión de eventos extremos que afectaron distintas regiones del territorio santafesino.
Durante la última década se registraron inundaciones urbanas, tormentas severas, vientos intensos y períodos de sequía histórica que pusieron a prueba la capacidad de respuesta estatal.

A ello se suma un contexto de cambio climático que, según coinciden especialistas y organismos internacionales, favorece fenómenos meteorológicos más frecuentes e intensos.
"Las tormentas que estamos viendo hoy son muy convectivas, con muchísima agua en muy poco tiempo", remarcó el funcionario.
Ese comportamiento obliga a replantear estrategias de prevención y a fortalecer sistemas de alerta temprana.
El rol clave de los vecinos
Las autoridades insisten en que una parte importante de la prevención depende de conductas cotidianas de la población.
Entre las recomendaciones principales figuran evitar sacar residuos durante alertas meteorológicas, mantenerse en lugares seguros durante tormentas intensas y no circular por rutas o calles inundadas.

"No sacar la basura cuando hay alertas es fundamental para evitar que se tapen las bocas de tormenta", indicó Escajadillo.
También advirtió sobre los riesgos asociados a la caída de ramas y tendidos eléctricos durante episodios de viento fuerte. "Muchas veces la gente sale para proteger un vehículo o revisar alguna situación y termina exponiéndose a cables energizados o elementos que pueden caer", señaló.
Alertas, coordinación y apoyo federal
Otro de los desafíos consiste en combatir la desinformación que suele multiplicarse durante eventos climáticos extremos, sobre todo tras los últimos episodios en los que se activaron las alertas de aplicaciones de móviles anunciando riesgos inexistentes.
Para ello, la provincia mantiene grupos de comunicación segmentados con intendentes y presidentes comunales de las distintas regiones santafesinas, mediante los cuales se distribuyen alertas oficiales y recomendaciones operativas.
Paralelamente, existe una coordinación permanente con la Agencia Federal de Emergencias, que permite movilizar recursos nacionales en caso de ser necesarios.
"Tenemos un trabajo muy fuerte con la Agencia Federal de Emergencias, que nos permite contar con apoyo del Ministerio de Defensa, Ejército, Prefectura y Gendarmería", explicó Escajadillo.
La disponibilidad de helicópteros, embarcaciones y personal especializado resulta clave para eventuales evacuaciones o asistencia en zonas aisladas.
Un escenario bajo observación
A varios meses del período de mayor riesgo, la provincia intenta aprovechar el invierno para avanzar en obras y fortalecer la organización de los equipos de respuesta.
Escajadillo evaluó el nivel actual de preparación con una calificación de "7 sobre 10" y sostuvo que aún quedan tareas por delante.
"Nunca se puede llegar al diez, pero estamos aprovechando junio, julio y agosto para seguir trabajando y ganar tiempo", afirmó.

La prioridad, insistió, será proteger los centros urbanos y minimizar el impacto de fenómenos que, en muchos casos, ya no pueden evitarse.
Si los pronósticos terminan confirmándose y El Niño alcanza una intensidad fuerte o muy fuerte, el Gran Santa Fe volverá a enfrentar una prueba conocida: convivir con el agua. La diferencia, esperan las autoridades, estará en llegar mejor preparados que otras veces.







