Hay viajes que comienzan cuando despega el avión y otros que empiezan mucho antes. Este último fue nuestro caso. La llegada a Bruselas fue apenas una estación visible de un recorrido que había comenzado meses atrás, con la preparación, las gestiones, la expectativa y una ilusión que crecía con el paso de los días: cubrir un Gran Premio de Fórmula 1 en Spa-Francorchamps.
De Santa Fe a Spa, un sueño cumplido que continúa en Hungría
La emoción de llegar a uno de los escenarios más míticos de la Fórmula 1, el encuentro con Franco Colapinto y un domingo inolvidable. La cobertura especial de El Litoral cerró su primer capítulo en Bélgica y ya se prepara para vivir el Gran Premio de Hungría.

Salir desde Santa Fe para iniciar en Buenos Aires el viaje hacia Europa significaba dejar atrás miles de kilómetros, pero también asumir una enorme responsabilidad: representar al Diario El Litoral en la cobertura del Gran Premio de Bélgica.
Cada kilómetro nos acercaba a uno de esos lugares que durante años parecen pertenecer únicamente a la imaginación. Spa no es un circuito más. Es historia, velocidad, riesgo y emoción. Es Eau Rouge, Raidillon, el bosque de las Ardenas y una sucesión de imágenes que quienes amamos el automovilismo vimos incontables veces a través de una pantalla.

Esta vez, sin embargo, no íbamos a observarlo desde lejos. Estaríamos allí para trabajar, para contar todo lo que sucediera y para representar a un medio que había confiado en nosotros para llevar adelante esta cobertura.
La llegada a Bruselas estuvo acompañada por una mezcla de sensaciones difícil de explicar. Estaban el cansancio propio del viaje, la ansiedad por todo lo que todavía faltaba y, por encima de todo, la certeza de que aquel sueño comenzaba a convertirse en realidad. Cada paso nos acercaba un poco más al objetivo: llegar a Spa-Francorchamps y vivir desde adentro un fin de semana de Fórmula 1.
La ansiedad y los nervios aumentaron cuando llegamos a Le Relais des Diligences, el restaurante destinado a la entrega de las acreditaciones. Fuimos el miércoles, el primer día habilitado para retirarlas, pero llegamos cuando el lugar estaba a punto de cerrar. La credencial tendría que esperar hasta la jornada siguiente.
Lejos de desanimarnos, nos fuimos directamente a recorrer el escenario desde afuera. En los caminos cercanos al circuito ya se respiraba Fórmula 1. Miles de motorhomes se instalaban a la vera de la ruta y sus ocupantes aguardaban, con la misma ansiedad que nosotros, el momento de escuchar el rugido de los motores en medio del bosque de las Ardenas.
Todavía no podíamos ingresar, pero necesitábamos acercarnos. Nos asomamos como pudimos por encima de los enormes paredones que ocultaban las curvas e intentamos descubrir algún rincón del trazado. También nos divertimos buscando el mejor lugar para sacar nuestra primera fotografía en Spa.
No importaba que todavía estuviéramos del otro lado. Sabíamos que, apenas 24 horas después, finalmente íbamos a estar adentro.
El ingreso a la magia de Spa
De regreso al hotel comenzamos a programar la jornada del jueves. Queríamos aprovechar cada minuto: recorrer el circuito, encontrarnos con los responsables de prensa de los equipos para coordinar las entrevistas, compartir el trabajo con periodistas llegados desde todos los rincones del planeta, ver el arribo de los pilotos y observar los últimos detalles de la preparación en los boxes, la pista y todo el universo de la Fórmula 1.

El jueves regresamos y, esta vez, finalmente recibimos nuestras acreditaciones. Apenas tuvimos las credenciales en las manos, sentimos que ya formábamos parte de la magia de Spa. La emoción nos invadió al comprender que estábamos allí, en el lugar donde viviríamos desde adentro un fin de semana completo de Fórmula 1.
No era nuestro primer Gran Premio, pero este tenía algo diferente.
Este era Spa
Por unos segundos fue inevitable detenernos y mirar alrededor. Pensar en Santa Fe, en la distancia recorrida, en las horas de trabajo y en todas las veces que habíamos imaginado ese momento. Detrás de aquella acreditación había mucho más que un permiso para ingresar: estaban el esfuerzo, la confianza y un sueño que finalmente se hacía realidad. Sentirnos parte de Spa, aunque fuera por un fin de semana, fue una emoción difícil de explicar y una imagen que quedará guardada para siempre.
El jueves pasó demasiado rápido. Recorrimos una parte del circuito, caminamos por la recta de Kemmel y nos acercamos a Eau Rouge y Raidillon, algunos de los sectores más emblemáticos de Spa-Francorchamps. Estar allí nos permitió comprender y sentir la verdadera inmensidad del lugar, con sus desniveles, su velocidad y ese paisaje tan particular en medio del bosque de las Ardenas.

A cada paso aparecían los recuerdos de carreras históricas y de maniobras inolvidables protagonizadas por la Fórmula 1 en ese mismo escenario. Intentamos registrar cada instante: sacamos fotografías, grabamos videos y compartimos nuestras primeras impresiones. Queríamos llevar hasta Santa Fe imágenes de primera mano, pero también transmitir las emociones que nos provocaba caminar por un circuito que tantas veces habíamos visto a través de una pantalla.
Pero el trabajo nos llamaba. Dejamos por un momento el recorrido y nos dirigimos rápidamente hacia la zona del paddock de la Fórmula 1, donde comenzaban las entrevistas y los compromisos con los medios. Allí encontramos una enorme amabilidad por parte de los responsables de prensa de los equipos, quienes nos ayudaron a coordinar cada encuentro.
En ese espacio pudimos ver de cerca y tener contacto con protagonistas como Charles Leclerc, Lando Norris, Carlos Sainz, Sergio “Checo” Pérez, Fernando Alonso y Gabriel Bortoleto. Pilotos que tantas veces habíamos observado desde la distancia ahora pasaban frente a nosotros como parte de una jornada de trabajo que todavía resultaba difícil de dimensionar.
Uno de los momentos más esperados fue llegar al espacio VIP de Alpine y encontrarnos con Franco Colapinto. Poder dialogar con el piloto argentino en un escenario tan especial nos permitió comprobar, una vez más, por qué es tan querido y popular. Su cercanía, su espontaneidad y la naturalidad con la que se expresa hicieron que el encuentro tuviera un valor todavía mayor para nuestra cobertura.
Además, aquel no era un fin de semana cualquiera para los argentinos. El Mundial de fútbol estaba a flor de piel: la Selección había llegado a la final y el domingo tendría un significado todavía más especial. En Spa, a miles de kilómetros de nuestro país, la expectativa por la carrera convivía con la ilusión de ver a la Argentina disputar otro partido decisivo.
Y así, con el trabajo del jueves cumplido, regresamos al hotel. Después de recorrer parte del circuito, conocer el paddock, cruzarnos con algunos de los principales protagonistas de la Fórmula 1 y compartir un encuentro inolvidable con Colapinto, comenzamos a sentir que aquel lugar también era un poco nuestro.
El contacto con Franco había sido extraordinario, pero el fin de semana recién comenzaba. Todavía quedaban muchas historias por vivir y contar. Spa ya había empezado a regalarnos momentos inolvidables, incluso antes de que los motores comenzaran a rugir.
La actividad en la pista
El viernes llegó el momento de escuchar por primera vez el rugido de los motores. Después de tanta espera, la actividad comenzaba de verdad. Vivimos cada instante de los entrenamientos y sentimos una alegría enorme cuando Colapinto completó una gran segunda práctica y terminó en la séptima posición, incluso por delante de uno de los Mercedes.
Su actuación despertó ilusión y nos hizo sentir parte de aquel momento: celebramos su resultado como tantos argentinos que seguían la actividad desde nuestro país.
El sábado, en cambio, las sensaciones fueron diferentes. La expectativa era enorme, pero durante la clasificación Alpine no pudo sostener el rendimiento mostrado el viernes. Colapinto quedó eliminado en la Q2 y terminó 13°, mientras intentábamos comprender qué había sucedido con un auto que apenas un día antes había mostrado señales tan positivas.
Nos alegramos con Franco, nos preocupamos cuando las cosas no salieron como esperábamos y vivimos cada vuelta con la intensidad de quienes no solo estaban allí para informar, sino también para acompañar el recorrido del único argentino en la Fórmula 1.
El sábado nos fuimos tarde del circuito, después de cumplir con cada tarea y tratar de encontrar respuestas a lo ocurrido. Regresamos al hotel con cansancio, pero también con la esperanza renovada. El domingo volveríamos a Spa convencidos de que Franco podía completar una gran carrera y transformar aquel fin de semana en algo todavía más especial.

El gran domingo de Colapinto
El domingo llegamos al circuito desde muy temprano. Queríamos estar presentes en cada momento, sin perdernos ningún detalle de lo que sucedía, para contar la información de los equipos, los últimos cambios en los autos y las sensaciones de los pilotos antes de la largada.
Las horas transcurrieron entre datos, recorridas, imágenes y noticias de último momento. Pero cuando los monoplazas comenzaron a ocupar sus posiciones en la grilla, los nervios llegaron a su punto máximo. Todo lo vivido desde la salida de Santa Fe desembocaba en ese instante.
Había llegado el momento más esperado del fin de semana: el Gran Premio de Bélgica estaba por comenzar. Y nosotros estábamos allí, en Spa-Francorchamps, preparados para vivirlo y contarlo desde adentro.
Colapinto nos regaló su mejor domingo. Realizó una gran largada y protagonizó una de las maniobras más emocionantes de la carrera al superar, en una misma acción, a Pierre Gasly y Liam Lawson para meterse en la zona de puntos.
Después defendió su posición frente a su compañero de equipo y llevó el Alpine hasta el décimo lugar. Franco volvió a sumar en la Fórmula 1 y nosotros tuvimos el privilegio de presenciarlo en Spa. Fue el cierre perfecto para un fin de semana que ya era inolvidable.
Un sueño que continúa
Cuando dejamos Spa, comprendimos que no nos llevábamos solamente información, fotografías y videos. Nos llevábamos el sonido de los motores entre los árboles, la imagen de Eau Rouge y Raidillon, la alegría por el punto de Colapinto y la emoción de haber cumplido un sueño que comenzó mucho antes de salir de Santa Fe.
Ahora nos espera Hungría, con la misma responsabilidad y una ilusión renovada. La cobertura especial de El Litoral continúa y los invitamos a acompañarnos en el próximo capítulo de este viaje.
La próxima escala será el Hungaroring.









