En junio de 1976, una crónica publicada por El Litoral dejó constancia de una secuencia de "escenas" que parece extraída de un texto de Juan José Saer o de Mateo Booz. Describe una "lancha sanitaria" que avanza entre riachos, bancos de arena y costas cubiertas de vegetación para acercar atención médica a los isleros.
El "doctor de las islas": la historia de un héroe silencioso del litoral
Según una crónica de El Litoral publicada hace medio siglo, Julián López viajaba en una lancha sanitaria que recorría diversos parajes dos veces a la semana. Conocía a cada una de las familias y era el único auxilio para cientos de isleros.

A bordo viaja Julián López ("Lopecito" para sus compañeros de la embarcación) cabo enfermero del Servicio de Islas, conocido por todos con un apodo que dice más que cualquier título universitario: el "doctor de las islas".
Lo llaman así pescadores, madres, puesteros y niños que viven dispersos entre el río y la tierra. No es médico, pero para quienes viven en esos parajes, representa la presencia más cercana de la asistencia sanitaria.

Recorrido
El viaje descrito por El Litoral, en cuya crónica se conserva esta historia, fue realizado junto al entonces ministro de Bienestar Social de Santa Fe, Raúl Fraga, y un grupo de periodistas invitados a observar el funcionamiento del servicio.
Mientras para los visitantes el viaje era una incursión en la vida isleña, para López era un día más de trabajo. Dos veces por semana, la lancha sanitaria recorría distintos puntos del sistema de islas para controles preventivos, vacunaciones, entrega de medicamentos y asistencia primaria.
La embarcación atendía poblaciones de Los Mellados, La Quinta, La Margarita, El Ombú, Gálvez, Isla del Tragadero, conocida también como El Palmar, El Quiró, Grillo Chico, Grillo Grande y La Frazada, entre otros parajes.

El origen de un apodo
La crónica construye una de sus escenas más bellas en Los Mellados, donde una mujer de nombre Amparo recibió a López con un pedido: "Doctor, mi nene mayor tiene dolor de muelas y anda un poco resfriado".
El enfermero hizo subir al niño a la lancha, lo revisó y luego determinó que se trataba, por fortuna, de un simple cuadro gripal. Algo muy habitual en un consultorio citadino cualquiera, pero vital para esas personas relegadas en los márgenes.
"Lo de doctor nos sonó a cariño, a confianza en quien es el único auxilio permanente que tiene esa gente", dice el cronista de El Litoral, con perspicacia. López conocía a los habitantes de las islas, sus familias, sus problemas y sus tiempos. Los pobladores, por su parte, sabían que podían contar con él.

Prevención y emergencia
Aunque el objetivo principal de la lancha sanitaria era preventivo, la realidad imponía muchas veces otros retos.
La nota señala que muchas veces López tenía que actuar más allá de las funciones habituales de un enfermero debido a urgencias, accidentes y partos. López era un trabajador acostumbrado a desenvolverse en condiciones adversas.
Una radiografía
El recorrido mostró los problemas estructurales que tenía la población isleña. En La Margarita, una familia proveniente del Chaco contó a los periodistas que los chicos habían dejado de concurrir a la escuela porque se les había señalado que no podían hacerlo con la ropa que usaban.

La lancha sanitaria estaba equipada con camillas, radio y medicamentos. Sin embargo, su principal fortaleza era el conocimiento que sus tripulantes tenían del territorio.
López se comunicaba con los pobladores desde el río, identificaba necesidades a la distancia y sabía cuándo debía parar la embarcación. Tenía una "red informal" de vínculos construida en años de trabajo.
Por eso, mucho antes que un cargo o una función, el "doctor de las islas" fue una presencia. Una de esas figuras discretas que rara vez ocupan grandes titulares, pero que terminan siendo parte de la memoria colectiva de un grupo social.

Para cerrar, cabe citar las mismas palabras del cronista de 1976: "nuestro mayor respeto para todos esos trabajadores escondidos en la espesura de las islas, o descubiertos en el vaivén de sus canoas".








