Durante más de una década, Argentina fue la principal potencia mundial en capacidad instalada para la molienda de soja.
Argentina perdió el liderazgo mundial en molienda de soja y quedó relegada por Estados Unidos y Brasil
Tras mantener el liderazgo durante quince años, fue superada primero por Estados Unidos y luego por Brasil, en un contexto marcado por el crecimiento de la demanda de biocombustibles, nuevas inversiones industriales y el estancamiento de la capacidad instalada local.

Ese liderazgo fue posible gracias a las fuertes inversiones realizadas entre fines de los años noventa y comienzos de los 2000, especialmente en el complejo agroindustrial del Gran Rosario, favorecidas por la modernización del sistema portuario y el desarrollo de la Hidrovía Paraguay-Paraná.

Sin embargo, ese escenario comenzó a modificarse en los últimos años.
De acuerdo con el informe elaborado por los especialistas Matías Contardi, Bruno Ferrari, Emilce Terré y Julio Calzada, de la Bolsa de Comercio de Rosario, desde 2024 Estados Unidos desplazó a Argentina del primer lugar y, un año más tarde, Brasil también la superó, relegando al país al tercer puesto entre los principales exportadores mundiales de soja.
El estudio señala que la capacidad teórica de procesamiento argentina alcanzó su techo en 2020, con poco más de 68 millones de toneladas anuales, pero desde entonces prácticamente dejó de crecer e incluso registró una leve retracción.

Mientras tanto, Estados Unidos incrementó su capacidad industrial a un ritmo promedio del 4% anual durante la última década y Brasil lo hizo al 1,9%, acompañando el fuerte crecimiento de sus cosechas y una mayor demanda interna de procesamiento.
Los biocombustibles cambiaron las reglas del mercado mundial
La BCR sostiene que el mercado internacional de la soja atraviesa un cambio estructural. Durante décadas, el principal motor de la demanda fue la creciente necesidad de proteína vegetal para alimentar la producción mundial de carnes, especialmente impulsada por China.
Hoy el escenario es diferente. El principal factor de crecimiento es la industria de los biocombustibles, que demanda cada vez mayores volúmenes de aceite vegetal para la elaboración de biodiésel y otros combustibles renovables.
En Estados Unidos y Brasil esa transformación impulsó una fuerte expansión de las plantas procesadoras. Hace 25 años ambos países destinaban la mayor parte del aceite de soja al consumo alimentario. Actualmente, una proporción creciente se utiliza como materia prima para procesos industriales.

Según el informe, en Estados Unidos aproximadamente la mitad del aceite de soja destinado al mercado interno termina en la producción de biocombustibles, mientras que en Brasil esa participación alcanza cerca de dos tercios.
A nivel global, el aceite de soja representa hoy cerca del 30% de las materias primas utilizadas para producir biodiésel, una participación récord que explica buena parte de las inversiones industriales registradas en ambos países.
Brasil y Estados Unidos expanden su producción mientras Argentina se estanca
El crecimiento industrial también está respaldado por una mayor disponibilidad de materia prima. Brasil multiplicó por seis su producción de soja en las últimas dos décadas y media, alcanzando un récord cercano a 180 millones de toneladas en la campaña más reciente.
Estados Unidos, por su parte, incrementó su cosecha alrededor de un 60%, con una producción estimada de 116 millones de toneladas, que podría llegar a 120 millones en el próximo ciclo.

Argentina, en cambio, no logró acompañar ese proceso de expansión. La BCR sostiene que la oferta local de soja resultó insuficiente para aprovechar plenamente la capacidad instalada, situación que atribuye, entre otros factores, a la elevada carga tributaria aplicada sobre el complejo sojero durante los últimos años.
Como consecuencia, las plantas argentinas operaron históricamente con una utilización promedio cercana al 60% de su capacidad instalada, muy por debajo de su potencial.
El mundo procesa cada vez más soja y Argentina pierde participación
El informe también muestra que la industrialización de soja creció con fuerza a nivel global. En la última década, el procesamiento mundial aumentó cerca de 95 millones de toneladas. De ese incremento, el 72% fue explicado por Brasil, Estados Unidos y China, mientras que Argentina no solo no aumentó su molienda sino que registró una leve disminución.
La expansión industrial ya no se concentra únicamente en los grandes exportadores. Cada vez más países importan poroto de soja para procesarlo localmente, reduciendo la demanda internacional de harina y aceite provenientes de Argentina.
Esta tendencia modifica la estructura del comercio mundial y representa un desafío adicional para la industria aceitera nacional, históricamente especializada en la exportación de subproductos con valor agregado.
Las proyecciones hacia 2030 y el desafío de recuperar competitividad
La Bolsa de Comercio de Rosario considera que el futuro de la industria dependerá en gran medida del marco de políticas públicas que adopte Argentina.

Mientras Brasil y Estados Unidos continúan elevando los porcentajes obligatorios de mezcla de biodiésel con gasoil, impulsando nuevas inversiones industriales, en Argentina el debate sobre el futuro régimen de biocombustibles continúa abierto.
De acuerdo con las proyecciones elaboradas mediante el modelo AGMEMOD de la BCR, si se mantienen las condiciones actuales, la molienda nacional alcanzaría alrededor de 46,5 millones de toneladas hacia 2030.
En un escenario sin derechos de exportación, en cambio, el procesamiento podría crecer hasta 54 millones de toneladas, lo que implicaría un incremento cercano al 23% respecto de los niveles actuales.
Inversiones que abren una puerta para revertir la tendencia
A pesar del escenario actual, el informe también identifica señales alentadoras.
Existen anuncios de inversiones privadas por aproximadamente 1.000 millones de dólares destinadas a ampliar y modernizar la capacidad de molienda en Argentina.
Los proyectos se desarrollarían en Santa Fe y Buenos Aires, incorporando unas 22.000 toneladas diarias adicionales, equivalentes a 7,2 millones de toneladas anuales de capacidad de procesamiento.
Para los analistas de la BCR, estas inversiones podrían representar el inicio de una nueva etapa para la industria aceitera argentina, siempre que se consoliden condiciones que favorezcan la producción, la industrialización y una mayor competitividad frente a sus principales competidores internacionales.








